Porque estamos aquí, torpes motas de mundo. Impávidos, turulatos, perdidos y extranjeros. Culpables e inocentes de cien calamidades e iguales maravillas.
Recurrentes en el amor y el espanto.
Trastabillando entre días y noches que siempre se suceden, por mucho que nos afanemos en refundar el tiempo.
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